Soy de uniforme

Eva Higueras 13/05/2021 133
El uniforme escolar tiene sus pros y sus contras, pero con él no discuto a diario
Cuando llegó el momento de seleccionar el colegio al que iban a ir mis hijas, lo que tenia claro, pero muy claro, es que el colegio en cuestión tenía que obligar a sus alumnos a ir con uniforme. 
 
Conociéndome a mí, y por tanto creyendo que los genes maternos se manifestarían en mis hijas, yo no iba a estar dispuesta a tener que discutir diariamente sobre la falda, la blusa, o el pantalón que tenían que llevar cada día al colegio. 
 
La coquetería, que me temo he trasmitido a mis hijas, se ha manifestado en ellas desde bien pequeñas, así que con el uniforme me ahorro un berrinche diario. 
 
Con la adolescencia el berrinche también, también ha existido en torno al vestuario, pero no ya por el modelito en sí, puesto que como digo van con uniforme, pero sí por el tamaño de la falda del mismo. 
 
No, no es que las faldas de los uniformes encojan, no. Es que por arte de magia, cuando las niñas empiezan a tener las hormonas revolucionadas, las faldas parece que tienen como miedo a tocar el suelo y empiezan a hacerse cada vez más, y más y más cortas. 
 
Me quejé al colegio de mi hija cuando vi que todas las niñas de cierta edad iban con la falda excesivamente corta, y me dijeron que era un tema que ya daban por imposible. Pues imagínate si lo damos por imposible los padres.. 
 
Pensé que mi hija era la excepción, ya que yo la veía salír de casa con la falda en su sitio, es decir, en un tamaño de largura más o menos adecuado. 
 
Lo gracioso fue encontrármela un día por casualidad por la calle a la salida del colegio y ver como la fauna habia encogido desde la mañana en que salió de casa. 
 
Sólo me limité a comprobar la manera en que este fenómeno paranormal había sucedido. Y es sencillo. Le das mil vueltas a la falda por la parte de la cintura y ¡Voilá! ¡Se obra el milagro!. 
 
Bueno. Y ahora hablemos del precio de los uniformes. Si tenemos en cuenta que hay colegios en que debes de llevar la chaqueta de invierno y la de entretiempo del mismo colegio, pero incluso también hasta el albornoz y el gorro de piscina, el conjunto te puede salir por un buen pico. 
 
Cuando son mayores aún puedes aprovecharlos durante varios años, pero los niños pequeños crecen y crecen. Todo se les queda pequeño enseguida. 
 
Ante esta situación soy de las madres que decide comprar pues dos tallas de más, aunque la pobre niña vaya un poco 'holgada' (por decirlo así) y con las mangas un poquito largas. Oye, qué no hay problema. Yo se las arremango un poquito y listo. 
 
Ahora soy yo la que le da alguna que otra vuelta en la cintura a la falda de mi hija pequeña, porque la compré dos tallas mayor y le viene un poquito larga. Y lo de ponerme a coser y descoser bajos, pues como que no es lo mío. 
 
Con todo, sigo pensando que vale la pena, por no discutir diariamente por el vestuario, el uniforme. 
 
Las discusiones ya las sufro el fin de semana.