Un buen filete o humo

Eva Higueras 16/06/2021 238
Cuando la innovación gastronómica se lleva a extremos no nos queda otra que acabar con un bocata
La verdad es que para mi comer no es un placer, realmente es un suplicio. Imagino que son las consecuencias de una severa anorexia que a puntito estuvo de llevarme al otro barrio, pero bueno. La vida me ha demostrado que si quiero disfrutar de la mencionada vida habrá que comer. 
 
Aviso a navegantes: si alguna vez alguien me quiere invitar a comer le agradecería que no me hiciera elegir a mi restaurante, porque no soy capaz. Y también preferiria que a la hora de elegir qué comer pues que también eligieran por mí. Como de todo, pero no cuesta enormemente elegir un plato, y mucho más dos. 
 
Pero lo que la anorexia no me ha hecho perder es el criterio, el criterio de saber lo que me gusta o lo que no gusta, gastronómicamente hablando, claro. 
 
Hace unos días un amigo me invitó a comer y fuimos a un restaurante muy sencillo donde pedimos menú. No os imaginas cuál fue mi sorpresa al ver que la parrillada de verduras con romesco que pedí de segundo plato era la más maravillosa y espectacular parrillada de verduras que habia comido hasta el momento, un plato al que recurro mucho cuando está en la carta de cualquier restaurante. Y tengo que decir que la mayoria de veces la decepción que siento cuando te sirven el plato es enorme. 
 
Recuerdo que en uno de los restaurantes en los que pedí a la carta parrillada de verduras me costó encontrar las verduras. Habia unas filigranas echas de no se qué verdura que de lo bonito que era te daba pena hincar el tenedor. ¡Qué decir de la cantidad! El plato era enorme y la comida, las verduras, más bien escasas. Ah si, también, también había romesco, pro eran unas gotitas esparcidas por el plato. Vamos, imposible mojar ahí verdura. 
 
No estoy en contra de la innovación en ningún ámbito y no puedo estarlo en el ámbito culinario, pero parece que para algunos es 'muy guay' pagar una cantidad indecente de dinero por ir a un restaurante y no comer. 
 
Mirando algunos programas de cocina y escuchando recetas de algunos ilustres cocineros decir que mis pocas ganas de comer habituales se ven acrecentadas. No me apetece nada incorporar a mi dieta comida elaborada con las técnicas de genificación, aire o espuma. Cuando oigo el término de 'gastronomía molecular' se me ponen los pelos como escarpias. 
 
Claro que si me pongo a mirar recetas extrañas del mundo pues ya no sé ni que pensar. Nos dicen que nuestra dieta no es variada. Debemos incluir alimentos muy nutritivos que los mediterráneos occidentales no consideramos. 
 
Veamos un ejemplo: El Balut es un manjar de filipinas hecho al dejar que un huevo fertilizado de pollo o de pato se incube hasta que haya desarrollado plumas y luego hervir el huevo y comerlo. 
 
Otro, el Kopi Luwak, que supuestamente es el café más caro del mundo. Está hecho de granos de café que han sido ingeridos, digeridos y defecados por civets que son unos pequeños animales nativos de Asia. 
 
Venga, otro. Mopane: un plato de África basado en orugas que se secan y se consumen. 
 
Ahí el estómago que tenga cada uno, faltaría más. Pero yo soy muy clásica para ciertas cosas y entre ellas está la comida. No me voy a hacer vegetariana ni me haré vegana. Tampoco me apetece comer humo, y en cuanto a comer bichos.. ¡bueno! estoy abierta a probarlo. 
 
Pero insisto: a mi modo de ver, mejor comer un buen menú que unos platos con humo, vais a pagar una fortuna por no comer, y acabareis, eso, pues con hambre y en un restaurante de comida rápida de hamburguesas. 
 
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