Un represaliado de verdad

José A. Ruiz 16/11/2020 155
Cuando habla alguien cuyas libertades han sido realmente vulneradas, los victimistas callan
Una mañana de octubre de 2020, en un bar de Molins de Rei entraba un hombre de cabello corto, moreno, con canas y un extraño aire de haber vivido muchas cosas. Aquél visitante pidió un café y lo saboreó lentamente, sorbo a sorbo, como si no quisiera que se le acabase. 
 
Se acercó a él el camarero y le dijo. 
 
- Disculpe usted si le molesto, pero parece que le hacía falta ese café, ¿Verdad? 
 
- El café de acá no es como los cafés de mi tierra - le dijo el visitante. - Los maracaibos tienen un sabor y un aroma inigualable. Pero este café.. Este me sabe a libertad. 
 
- ¡Ah! - Le sonrió el camarero. - Entonces viene por el homenaje de hoy, ¿verdad? 
 
- Me temo que no sé de lo que me habla. - Admitió el visitante - ¿Está relacionado con ese escenario y esas sillas que han puesto en la plaza? 
 
- En efecto - Dijo el camarero - Hoy viene al pueblo Oriol Junqueras, un represaliado del Estat Espanyol.
 
El visitante quedó unos segundos inmovil, diríase que congelado en el tiempo. Los dedos de la mano con los que sostenía la taza empezaban a palidecer por la fuerza con la que apretaba. 
 
- Nadie debería sufrir represalias por defender sus ideas.
 
- Pues este hombre las ha sufrido. - Respondió el camarero. - Es un demócrata que lleva dos años en la cárcel por sus ideas y aún le queda condena, pero no han podido con él. Tiene el ánimo templado y la mente despierta. Se ha mantenido activo, dando clases, yendo al gimnasio. Cada vez que daba una rueda de prensa la seguíamos en directo desde ese escenario. El pueblo no le ha abandonado. Fueron a visitarle representantes de la política y de los medios de comunicación. Chefs con estrella Michelín como Ada Parellada fueron a la carcel a cocinar para él. La dignidad de este hombre es inigualable. Ningún político puede sostenerle la mirada. 
 
El visitante tomó un sorbo de su café y meditó unos instantes antes de hacer una pregunta. 
 
- ¿Y el gobierno represor permitió eso? 
 
Ahora fue el camarero el que quedó unos segundos pensativo. 
 
- No se.. Tenemos las competencias de prisiones. No pueden hacer nada. Ya les gustaría, pero tienen que respetar la ley. 
 
- ¿Y también permiten este homenaje? 
 
- ¡Y que no se atrevan a prohibirlo! ¡Es llibertat d'expressió! 
 
- Entiendo.. - El visitante se acabó su café de un sorbo entero. - ¿Y puedo saber con qué excusas encarcelaron a este demócrata? 
 
- Es uno de los líderes del referéndum del 1 de octubre. Él era el vicepresidente de Cataluña, e impulsó un referéndum para separarnos de España. El referéndum lo ganamos, pero España dijo que era ilegal y lo encarceló.
 
- ¿Y no lo denunciaron a Amnistía Internacional o al Comité de Derechos Humanos? 
 
- Amnistía Internacional no nos hizo caso, y el Comité de Derechos Humanos.. ellos le dan la razón a España porque el referéndum fue unilateral, pero votar no es delito.. ¿A que nó? 
 
El visitante dejó dos euros sobre la mesa, se levantó y se dirigió a la puerta. 
 
- Escolti! ¿Que no se queda usted al homenaje? 
 
El visitante se volvió al camarero y, tomando aire, le dijo lo siguiente. 
 
- Caballero, yo he he estado represaliado más de siete años. Siete meses detenido sin que se respetasen mis derechos, luego cuatro años en la cárcel. Mi mujer no podía venir a verme, los medios no sabían nada de mí y yo no podía hablar con ningún abogado. Yo no tuve sala de prensa y mucho menos gimnasio. A mí me torturaron. Yo no soy capaz de describirte lo que es la tortura, pero no cabe en una palabra. A mí no me cocinaron los grandes chefs de Venezuela ni me dejaron salir para asistir a homenajes y mis seguidores eran perseguidos e incluso asesinados. Cuando al final fuí liberado estuve tres años mas en arresto domiciliario. Amnistía Internacional me declaró 'preso de conciencia', porque fui encarcelado por denunciar a un usurpador que impulsó desde el poder un referéndum unilateral para tener más poder. Un referéndum en el que no había debates, en el que los mismos que organizaban contaban los votos y daban los resultados. Nosotros no lo llamanos 'Uno de octubre', sino 'la Constituyente', pero es lo mismo. Por denunciar ese ataque a la democracia es por lo que soy un represaliado. Por cierto, me llamo Leopoldo. 
 
El camarero dejó caer al suelo la taza de café vacía que tenía en la mano, y que se rompió en pedazos. Entonces el visitante añadió una frase más. 
 
- He tenido que venir a España, una nación en la que se respetan los derechos humanos, para poder tomarme acá mi primer café en libertad. 
 
Finalmente el camarero se atrevió a abrir la boca. 
 
- Crec.. Creo que usted sí podría sostenerle la mirada al señor Junqueras. 
 
El visitante solo dijo una última frase. 
 
- Pues yo creo que no me interesa. 
 
Y salió por la puerta para no volver jamás.
 
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